En todas mis clases este semestre, mis
profesores mencionaron de todo que pertenece a “el porteño”. Ese concepto de “porteño” no entendí
bien, especialmente porque era mi primera vez en Argentina. Me dijeron que ese “porteño” vive en
las calles, la historia, la arquitectura, y las almas de los bonaerenses. Desafortunadamente, no pensaba que
descubriría lo que es “porteño” dado que estaba acá a enterrarme en mis
estudios, bueno, o al menos estudiar cuando no estaba viajando por toda
Sudamérica.
Entonces, cuando entré en la lavandería a las
9:10 un jueves por la mañana, solo estaba pensando en el montón de trabajo que
necesitaba hacer antes de mi viaje a Uruguay. Okay, voy a dejar la
ropa, ir a las clases, leer las lecturas de cine en mi descanso, y después del
almuerzo tengo que hacer la maleta y terminar mi investigación de bilingüismo. Puse la ropa sucia en el mostrador y
la dueña del negocio me saludó. Era
viejita, llevaba anteojos y tenía una sonrisa tan afectuosa que afectaría a
todo los demás. Me preguntó de dónde
era, por supuesto, y cuando respondí que era estadounidense, me dijo que tenía
una hija en San Francisco. Al
decirme esto, me preocupé que tendría que quedarme allí escuchando a esa señora
hasta el anochecer, y mi primera clase empezaba a las 9:30. -No
puedo gastar el tiempo hablando con gente que no conozco-pensé, pero ella
continuó. Habló de la vida de su
hija, pero me sorprendió cuando escuché que preferiría permanecer en Argentina
en vez de mudarse a América. –La
vida es demasiado rápida allí, como en Galicia de donde soy originalmente. También lo que importa más no es la
familia, sino el dinero y las carreras.
Escucháme, el título no te hace-explicó la mujer.
Sus
palabras me fascinaban-quería saber más.
¿Cómo es posible que la vida en
España, especialmente la de Galicia, es demasiado rápida? Le pregunté qué le ha gustado tanto de
Argentina. Me respondió –Todavía tenemos
la comunicación entre la gente.
Charlamos, tomamos un cafecito, pero tratamos la gente como personas
actuales. La vida es mucho más
sencilla y tranquila aquí. Podemos
descansar, disfrutar, no tenemos está presión que tenemos que hacer todo
hoy. Vivimos por hoy y mañana será
otro día. Tengo un negocio
exitosa, mis hijos tienen trabajo y me visitan a menudo….no PUEDO pedir más.-
Olvidé
todo lo que tenía que hacer y pensé en sus palabras. Eran tan poderosas, humildes, y verdaderas. Ese día, aprendí lo que es el
“porteño”. Y quizás una manera de
describirlo sea, en las palabras de una abuela enterrada en Galicia que nunca
aprendió leer ni escribir:
Siempre
das con una mano y recibes con la otra.
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